Francia sin arrepentimientos

Los placeres de la gastronomía representan uno de los principales atractivos para los viajeros sibaritas que recorren el mundo.

Autor: Maria Teresa Navarro| EL NACIONAL Publicado el: 16 Julio 2006

 

perigord

La multifacética Galia deja al libre albedrío de quien la visita la selección de infinidad de platos y de excelentes vinos que son imposibles de conocer en toda una vida.

 MAYTE NAVARRO

Hay países que son infinitos en su oferta y por eso pueden gustarle a muchos. Uno de esos destinos sin límites es Francia, que sirve a los amantes de la historia y del arte, se le puede recomendar a los que aman la naturaleza y es materia obligada para los gastrónomos y fanáticos del buen vino.

Sus viñedos y lugares de alta cocina colocan a toda la geografía gala en el número uno a la hora de realizar un viaje gastronómico, cuya organización no es nada fácil, más aún cuando se quieren visitar sitios especiales, llenos de historia y sabores, pero al mismo tiempo exclusivos.

 

Decidir un recorrido no es sencillo; sin embargo, existen especialistas en la materia que pueden orientar al viajero y organizar un tour que incluya encontrarse con los oficios más respetados y que mayor fama han dado a los franceses.

Burdeos, Aviñón, Médoc, Borgoña y Champagne son algunas de las localidades que aparecen en ese mapa del buen comer y beber. Sus viñedos, de fama mundial, están acompañados de buenos restaurantes y no es necesario ir a los más caros para comer bien. Nombres como Paul Bocuse y Alain Ducase son responsables del lugar que ocupa Francia en la memoria y en las papilas.
Planificar un viaje a estos lugares requiere de tiempo y conocimiento. En Venezuela el matrimonio Esteva se ha dedicado a ello. En su recorrido por esa Francia vinícola hay lugares obligatorios, como lo es Burdeos, que puede llevar el calificativo de inolvidable.

Burdeos inolvidables
Las ciudades, al igual que los seres humanos, se distinguen por la elegancia natural, sin que ello signifique trajes ni joyas caras. Así es Burdeos, la encarnación de un estilo de una elegancia natural, de una clase. Allí los chateaux hablan de una aristocracia existente desde el pasado y sus viñedos, que se encuentran por todos lados, son referencia de un alma campesina.
Ubicada en Aquitania, la vida en Burdeos está marcada por el vino de allí que le dé nombre a una de las denominaciones más famosas. Pero esta localidad también es lugar de tiendas elegantes, y sobre todo de buenos restaurante, algunos refugiados en los chateaux que parecen salidos de cuentos de hadas.
Además de sus edificios del siglo XVIII también se encuentran museos de interés. Los principales acaban de ser restaurados. La serenidad del paisaje se convierte en el mejor compañero en este viaje por la Francia vinícola. Uno de los lugares para hospedarse es el Relais Margaux, situado a orillas de la penísula de Gironda, muy cerca de Médoc y del aeropuerto internacional de Bordeaux Mérignac.
Los restaurantes, otro de los atractivos de la ciudad constituyen centro de los placeres de la vida. Uno de ellos es la brasserie de Realis Margaux ya que posee una terraza que da al campo del golf y a la península.
Como los vinos son la razón de ser de este recorrido, que se adereza con la buena mesa y caminatas largas para disfrutar de la quietud de la campiña, es indispensable reservar y visitar las bodega de Calvet donde se almuerza en el restaurante con dos estrellas Michelin. Los fogones de esta casa los dirige desde 1999 Pierrick Celibert, quien se inspira en el Mediterráneo y en los sabores asiáticos para elaborar sus propuestas.
Indispensable llegarse hasta Chetau d’Yquem, donde se producen unos excelentes vinos que ya conocía Thomas Jefferson, cuando era embajador de Estados Unidos en Francia. Este chateau lo respalda la tradición. Su propietario es Bernard Arnault, cuyo nombre aparece entre los hombres más ricos de Francia y quien encabeza el emporio del lujo LVHM.

La Gironda
En Aquitania el turismo rural es rey, pero reserva una sorpresa y es que allí habitan esturiones, que fueron llevados del Mar Caspio. Hoy se perfila como una potencia en esa materia por lo que ir a una de sus envasadoras resulta una experiencia inolvidable porque siempre habrá una galletica con caviar que justificará por demás esta visita. Es el corazón de la campiña y donde la especialidad es la comida clásica francesa. Después de una buena cena, Burdeos ofrece caminatas tranquilas que llevan hasta las plazas de la Bolsa y del Parlamento, el Teatro Municipal y el monumento a los girondinos. Todos justifican disfrutar de la noche pues la iluminación le suma una fuerza estética a la arquitectura.

A lo Paul Bocuse
Este restaurante ya suma 40 años en los que ha conservado las tres estrellas Michelin. Un menú podría ser:
- Ensalada otoñal de langosta a la parisién
- Fricasé de ave de Bresse a la crema de morilles
- Selección de quesos
- Feuillantine con manzanas y caramelo
- Petit fours y chocolates
Todo esto bañanado con vinos de la región
Como premio, el menú autografiado por el propio Bocuse

Nombres inolvidables
„ Mouton Rotschild. Sus vinos son de altísima calidad; basta con recordar el Lafitte Rosthchild. En su interior se encuentran interesantes obras de arte.
„ Magnol. Uno de los primeros viñedos que el viajero encuentra en el alto Médoc. Llaman la atención sus jardines y también se vive la pasión del vino gracias a una gira por las bodegas y la consabida cata de un caldo rojo rubí, intenso y atractivo.
„ Margaux. Una mansión imponente con grandes árboles. Su fachada habla por sí sola de los grandes vinos que allí se producen. En su interior el lujo se traduce en elegancia e historia.

Encuentro con un genio
La ruta no olvida Lyon, llamada también la capital de la seda, hoy cuna del buen comer, además de ser el lugar donde nació Antoine de Saint-Exupery, el autor de El Príncipito, y la hace obligatoria para todo aquel que ha leido el libro. Basta visitar uno de sus mercados para darse cuenta del valor agregado de cada alimento, pues se disfruta desde el mismo momento en que se ven. El orden y la limpieza se suma a olores tentadores.
Ruinas de la Lugdunum romana compiten con obras más modernas, razón que llevó a la Unesco a declarar a Lyon Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1998. Una riqueza arquitectónica y urbana que se une al valor comercial de los ríos Saona y Ródano.
Entre sus edificios destaca la Basílica de Fourviere. Al otro lado del río se encuentran valiosos rasgos del Renacimiento que comparten valor arquitectónico con la estación de ferrocarril diseñada por Santiago Calatrava en Saint-Exupery.
Lyon es la capital gastronómica de Francia. Testigo de ello son los populares bouchons o los restaurantes típicos. La comida se acompaña con buenos vinos como Côtes du Rhône.
Otro nombre ligado a la ciudad es el de Paul Bocuse, el padre de la nouvelle cuisine.
Aquí está su academia y el restaurante con tres estrellas Michelin. Más que lujo, en este restaurante hay sabiduría, tan necesaria a la hora de cocinar y de comer. El sabe que todos los que van hasta su comedor desean conocerlo, por eso al finalizar aparece, ataviado de blanco con los colores de la bandera de Francia bordados al cuello. Paul Bocuse, otro orgullo de esa nación.
En la Borgoña se visita la casa de Louis Jadot, cuyos vinos pueden encontrarse en Venezuela.

Otras formas de viajar
La ruta del vino puede hacerse también alquilando un automóvil en París.
Para visitar los chateaux se debe reservar con tiempo. En estas ciudades también hay hoteles más baratos, pero se recomienda hacer las reservaciones con anticipación, lo que también vale para los restaurantes
Es bueno tener en cuenta que en septiembre se realiza la vendimia en Europa, tiempo en el que se recogen las uvas y se llevan a las bodegas.

Capital del foie gras y otras sorpresas
Perigord podría calificarse como un reservorio románico. Cúpulas redondeadas hablan de la presencia de los cruzados, donde es imprescindible la visita a Saint-Front, basílica románica. El paseo por el Dordogne dura una hora. El punto de salida es La Roque Gageac.
Los castillos tallados en la montaña obligan a una sesión de fotografía que se reactiva en Sarlat, una villa dedicada al arte y donde abunda el foie gras. Su historia se remonta a la Prehistoria, cuyas huellas se hallan en las cavernas que allí se descubren. Historia con testimonios importantes de la Edad Media y el Renacimiento. Ya lo dijo Henry Miller al afirmar que Sarlat era el paraíso de Francia. Pero también es orgullo del país galo pues uno de sus productos emblemáticos procede de allí el foie gras, y no es cualquier foie, estos tiene denominación de origen.
Si resulta impresionante pasear por las cuevas prehistóricas, es impactante recorrer una granja de gansos, de donde se obtiene el famoso foie. Lo más impresionante es el proceso de alimentación forzada que no es más que una sobrealimentación, pues los pobres palmípedos deben comer aunque no quieran para hipertrofiar el hígado, que luego se convertirá en uno manjar muy codiciado. Por cierto, esto no es invento de los franceses, aunque sean los reyes en esta materia. Ya los egipcios cebaban a los gansos. Una de las granjas más famosas se ubica en Salignac, Sus productos son altamente apreciados por los japoneses y lo exportan a todo el mundo. Bajo el concepto “familiar”R. Crouzel también ofrece a los vistantes un almuerzo con todos los productos. No falta un buen sauterne.

La aventura de las trufas
Grignan, en el corazón de Drôme, reserva una interesante aventura, como es es ir a buscar trufas durante las primeras horas de la mañana con los perros entrenados. Gracias a su olfato y a un adiestramiento especial, los canes consiguen debajo la tierra el preciado alimento, que, junto al caviar, se ha ganado el calificativo de mejor afrodisíaco. Este hermoso recorrido por el campo culmina con un almuerzo donde las trufas representan el ingrediente fundamental.

Tierra patrimonio
Saint Emillion es otro de los nombres en este viaje que sale una vez al año de Venezuela y que dirigen Sergio y Mayra Esteva. El orgullo de esta región es el vino tinto. Uno de esos lugares marcados en la agenda es el chateau Canon, donde se puede comenzar a indagar sobre este lugar, que debe su nombre a un monje bretón llamado Emilión, quien llegó en el siglo VIII y se caracterizó por su bondad.
La ciudad es armoniosa, con piedras que a cierta hora de la tarde se tornan doradas. El monumento más antiguo de la ciudad es la ermita. Junto a las catacumbas también fueron excavados en la piedra calcárea la iglesia monolítica, la más grande Europa y decenas de kilómetros de galerías subterráneas que hay que vistar para conocer la otra historia de la ciudad.
Saint Emilion se encuentra al Noreste de Burdeos, entre Libourne y Castillon-la-Bataille. Uno de sus restaurantes es L`Envers du Decor, ejemplo de alta gastronomía.

Recorrido de los venezolanos
Mayra y Sergio Esteva son un matrimonio estudioso del vino. Ellos se han dedicado a la tarea de recorrer las rutas del vino y de la buena mesa porque idolatran ambas cosas.
Después de dedicar un buen tiempo a la investigación ofrecen a los sibaritas dos rutas.
Una va al este y otra al oeste.
Su empresa se llama Château Travel Services. No lleva a más de 12 personas que se reúnen en París para comenzar la travesía.
Su viaje incluye los servicios de traslado en autobús ejecutivo, debidamente acondicionado para grupos pequeños, reservación en todos los chateaux donde se alojarán. Catas y almuerzos gastronómicos. Cabe citar la cena en el salón privado Le Vicent en el hotel Relais Margaux. Otro restaurante que incluyen es el L’Olivier du Clavel.
También están incluidadas todas las bebidas y entradas a los sitios turísticos, así como los guías y el transporte terrestre que se hace en autobuses de lujo.
Sergio lo ha dividido en dos circuitos. El oeste, que los lleva por la codiciada área de Burdeos, con sus grandes y prestigiosos chateaux y sus estructurados vinos. Son 10 días.El circuito sale el 9 de septiembre.
El del este, con 15 bucólicos días, va desde Avignon hasta la capital del champán para concluir en París. Las exclusivas comidas tienen escenarios conventos, como el de los Jacobinos en Borgoña. En Chablis se cena en una mesa de siete siglos. No dejan fuera la Casa de Veuve Clicquot ni la mansión privada de Jean Claude Rouzaud, dueño y presidente de Louis Roederer.
Teléfono para información: 0414-305.7996

Autor: Maria Teresa Navarro| EL NACIONAL Publicado el: 16 Julio 2006